jueves, marzo 10, 2005

Oriente Medio: confrontacion de ideas



Algunos aún hoy echamos de menos aquel magnífico programa de CNN+ sobre asuntos internacionales que presentaba Enrique Vázquez, hoy analista internacional la filial española de la cadena de Atlanta, y que contaba en el papel de contertulios con Carlos Mendo y con Miguel Angel Bastenier (y algún día en ausencia de alguno de éstos con Antonio Caño, subdirector de el diario El País).

El tema de Oriente Próximo era muy recurrente, como no podía ser de otro modo en un programa de política internacional: Carlos Mendo con sus habituales posicionamiento proisraelíes y M.A.Bastenier desde una postura más cercana a las sensibilidades palestinas.

Diálogo con mayúsculas: en estado puro...muy alejado de ese palabro con el que los políticos se llenan la boca y que han conseguido desposeer de significación.

Una tertulia que era un ejemplo de respeto y moderación entre posturas normalmente muy enfrentadas, a veces antitéticas, en temas de apasionamiento exacerbado. Ejemplo de como el conocimiento de un tema es directamente proporcional al entretenimiento que produce al televidente: una pura delicia.

El caso es que hoy Miguel Angel Bastenier publica en El Pais un artículo titulado "Algo se mueve en Oriente Medio" en el que disecciona los últimos movimientos de la diplomacia norteamericana enmarcados en el proceso de paz palestino-israelí en una nueva visión de las relaciones de poder en la zona: "movimiento de piezas, que demuestran que, contrariamente a lo que muchos creíamos, EE UU tiene sólidos planes para Oriente Próximo".

Coincidiendo con el anterior artículo el brillantísimo Noam Chomsky publica en La Jornada otro artículo sobre el mismo tema: "La promoción de la democracia en Medio Oriente". El archiconocido profesor de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge, uno de los intelectuales más prestigiosos del mundo, siempre crítico con sus gobernantes cree que "para Washington un elemento constante es que la democracia y el imperio de la ley son aceptables siempre y cuando sirven a objetivos oficiales estratégicos y económicos".

Dos lecturas interesantes sobre el mismo tema...Mendo, Bastenier y Chomsky son el claro ejemplo de como el conocimiento y el dominio de un tema hace que aun desde el distanciamiento ideológico, uno no pueda sino reconocer a tan brillantes periodistas, analistas y pensadores.

En los comentarios pueden leer ambos articulos.

2 Comments:

Blogger mangallous said...

Por M. Á. Bastenier
El País
10/03/05


Los optimismos suelen ser prematuros en Oriente Próximo, pero es imposible no tomar nota de que la diplomacia norteamericana está más activa que nunca y pretende, tirando por elevación, enmarcar el proceso de paz palestino-israelí en una nueva visión de las relaciones de poder en la zona. El movimiento de las fichas es el siguiente:

1. La Operación Irak.A medio y largo plazo, la intervención norteamericana puede ser muy poco beneficiosa para los intereses de Washington, en la medida en que un Gobierno iraquí de componente mayoritario chií sea tan -o más- inmanejable que el del propio Sadam Husein, y aún peor, que su anti-israelismo tienda a asimilarse al de Teherán, pero en el corto plazo la liquidación del anterior régimen y el periodo de tiempo, todavía prolongado, durante el que Irak no estará en condiciones de pesar en Oriente Próximo, favorecen a Israel y restan un apoyo diplomático y económico a la línea más radical del palestinismo.

2. La retirada militar siria de Líbano, que exige Washington y se producirá tan completa como rápidamente por muchos gambitos que haga el presidente Bachir el Asad, acentúa la soledad de la Autoridad Palestina.

Nunca han sido especialmente buenas las relaciones entre Damasco y la AP -tanto con Arafat como con su sucesor, Mahmud Abbas-, pero mientras Siria conservara un margen de maniobra en Líbano y aspirase a recuperar el Golán, ocupado por Israel desde 1967, existiría una comunidad de intereses entre sirios y palestinos.

Pero, aun suponiendo que el presidente Bush se conformara con la retirada para dejar de amenazar a Asad con males mayores, Damasco deja de contar como factor estratégico en la zona, disolviendo aquella coincidencia de apetitos.

3. El propio Líbano, depurado de la presión directa de Siria, y con la pretensión de volver a ser un Estado soberano, podría enfrentarse a los aliados de Damasco en el propio país de los cedros, la guerrilla de Hezbolá, ésta sí que aliada a los radicales palestinos, y quién sabe si Washington entretiene la idea de que un Líbano en el que los cristianos volvieran a ser fuerza mayoritaria podría ser el tercer país árabe -tras Egipto y Jordania- que firmara un tratado de paz con Israel.

Y un Irán sin Siria, Líbano ni Hezbolá se encuentra más aislado que nunca, con Estados Unidos a la espera de que fracasen las negociaciones con Europa sobre el enriquecimiento atómico del país.

4. El anuncio de Hosni Mubarak de que va a haber verdaderas elecciones democráticas a la presidencia de Egipto, al igual que las recientes elecciones municipales sólo para hombres en Arabia Saudí, pueden ser movimientos sólo tácticos para aplacar a Estados Unidos, pero no dejan de mostrar la debilidad de sus Gobiernos respectivos, y con ello, su más que probable anuencia a todo lo que se le ocurra probar al presidente Bush en la zona.

Este súbito movimiento de piezas, aparte de demostrar que, contrariamente a lo que muchos creíamos, EE UU tiene sólidos planes para Oriente Próximo, obedece también a una notable corrección de rumbo.

Ya no es la democratización de Irak -se produzca ésta o no- la que va a ayudar a resolver el embrollo palestino, sino que es una ofensiva general -diplomática, pero también militar, si es preciso- la que trata, de un lado, de liquidar o poner a la defensiva a las fuerzas del radicalismo árabe, con objeto de que Israel se sienta en la mejor de las coyunturas para ser generoso, y, de otro, reducir al pueblo palestino a una debilidad tal que su líder, Abbas, piense que lo mejor que puede hacer es tomar lo que le ofrezcan y apretar a correr.

Ante esa convergencia de movimientos envolventes se alza, sin embargo, un considerable obstáculo. La borrachera del éxito puede hacer que Sharon quiera alzarse a la vez con el santo y la limosna.

¿Es capaz el firme partidario del muro de acero contra los árabes, que quería erigir su patrón histórico, Zeev Jabotinsky, de abandonar casi todo lo conquistado en 1967?

Una paz con posibilidades de consolidación exigiría sacrificios que Sharon jamás ha dado la más mínima prueba de estar dispuesto a hacer. En este caso, lo mejor sería el más temible enemigo de lo bueno.

6:41 p. m.  
Blogger mangallous said...

La promoción de la democracia en Medio Oriente

Por Noam Chomsky
La Jornada
10/03/05

La llamada "promoción de la democracia" se ha convertido en el tema principal de la política del gobierno de Estados Unidos en Medio Oriente. El proyecto tiene antecedentes. Existe una "vigorosa línea de continuidad" en el periodo de la posguerra fría, escribe Thomas Carothers, director del Programa sobre Ley y Democracia de la Institución Carnegie, en su nuevo libro Misión Crítica: Ensayos sobre la Promoción de la Democracia.

"Donde la democracia parece ajustarse a la seguridad y a los intereses económicos estadunidenses, Estados Unidos promueve la democracia", concluye Carothers. En cambio "cuando la democracia enfrenta a otros intereses significativos, es menospreciada o inclusive ignorada".

Carothers fue funcionario del Departamento de Estado durante la época del presidente Ronald Reagan y participó en proyectos para el "fortalecimiento de la democracia" en América Latina durante la década de los años 80. También escribió un libro sobre esos proyectos, arribando esencialmente a las mismas conclusiones. Similares acciones y pretensiones ocurrieron también en previos periodos, y son rasgos de otras potencias dominantes.

La vigorosa línea de continuidad, y el interés de las potencias que la sostienen, afectan eventos recientes en el Medio Oriente, señalando la real substancia de la postura de "promoción de la democracia".

Esa continuidad es ilustrada por la nominación de John Negroponte como primer director de inteligencia nacional. El arco de la carrera de Negroponte va de Honduras, donde como embajador de Reagan supervisó las acciones terroristas de los contras contra el gobierno sandinista de Nicaragua, hasta Irak, donde como embajador de Bush presidió brevemente otro ejercicio en el presunto desarrollo de la democracia. Esa experiencia podría asistirlo en sus nuevos deberes para ayudar a combatir el terrorismo y promover la libertad. Orwell no hubiera sabido si reírse o llorar.

En Irak, las elecciones de enero fueron exitosas y dignas de elogio. Sin embargo, el principal éxito ha sido señalado sólo de manera marginal: Estados Unidos fue obligado a que tuvieran lugar. Ese es el verdadero triunfo, no el de los lanzadores de bombas, sino el de la resistencia no violenta del pueblo, tanto islámico como secular, para quien el gran ayatola Sistani es un símbolo.

Pese a que Estados Unidos y el Reino Unido arrastraron los pies, Sistani exigió elecciones rápidas, reflejando la decisión popular de alcanzar libertad e independencia, y algún tipo de derechos democráticos. La resistencia no violenta continuó hasta que Estados Unidos (y el Reino Unido, siguiéndolo de manera obediente) no tuvieron otro recurso que permitir las elecciones. La maquinaria doctrinaria se puso entonces en plena marcha para presentar las elecciones como una iniciativa estadunidense.

En línea con la continuidad y las raíces de la gran potencia, podemos anticipar que Washington no aceptará de buena gana consecuencias políticas a las que se opone, especialmente en una región del mundo tan crucial.

Los iraquíes votaron con la esperanza de poner fin a la ocupación. En enero, en una encuesta prelectoral en Irak, de la cual informaron analistas del Instituto Brookings en la página de opinión de The New York Times, se indicó que 69 por ciento de los chiítas, y 82 por ciento de los sunitas, estaban en favor de una "retirada de Estados Unidos a corto plazo". Pero Tony Blair, Condoleezza Rice y otros han rechazado explícitamente cualquier cronograma de retirada, postergándola hasta el futuro indefinido, hasta que los ejércitos de ocupación concluyan su "misión", esto es, una democracia en que el gobierno electo acate las demandas de Estados Unidos.

Acelerar una retirada de Estados Unidos y de Gran Bretaña depende no sólo de los iraquíes, sino también de la disposición de los electorados estadunidense y británico a obligar a sus gobiernos a aceptar la soberanía iraquí. Mientras los eventos se despliegan en Irak, Estados Unidos continúa manteniendo una postura militante hacia Irán. Las recientes versiones sobre la existencia de fuerzas especiales estadunidenses en Irán, ya sean verdaderas o falsas, sirven para inflamar la situación.

Una amenaza genuina es que en años recientes Washington ha enviado a Israel más de 100 bombarderos modernos, mientras ha proclamado sin ambages que son capaces de bombardear Irán. Se trata de versiones actualizadas de los aviones que usó Israel para bombardear el reactor nuclear iraquí de Osirak, en 1981.

Se trata de una simple conjetura, pero las amenazas podrían servir a dos propósitos: provocar al liderazgo iraní para que se haga más represivo, alentando así la resistencia popular; e intimidar a los rivales de Estados Unidos en Europa y Asia para que no alienten iniciativas diplomáticas y económicas hacia Irán.

Esa política de línea dura ya ha asustado a algunos inversionistas europeos en Irán, que temen una represalia estadunidense, según informó Matthew Karnitschnig en The Wall Street Journal. Otro desarrollo que ha sido exaltado como triunfo de la promoción de la democracia ha sido la tregua entre el primer ministro de Israel, Ariel Sharon, y el líder palestino, Mahmoud Abbas. La noticia del acuerdo es bienvenida.

Es mejor no matar que matar. Sin embargo, hay que hacer un escrutinio más preciso de los términos de la tregua. El único elemento substantivo es que la resistencia palestina, inclusive contra un ejército de ocupación, debe cesar.

Nada puede encantar más a los halcones israelíes que una paz completa, que les permitirá continuar, sin obstáculos, la política de ocupar las tierras más valiosas y los recursos de Cisjordania, además de emprender grandes proyectos de infraestructura con el propósito de convertir el resto de los territorios palestinos en cantones imposibles de crecer o de desarrollarse.

Depredaciones israelíes en los territorios ocupados respaldadas por Estados Unidos han sido el tema central del conflicto durante años, pero el acuerdo de cese del fuego no dice una sola palabra sobre ellos. El gobierno de Abbas aceptó el acuerdo, tal vez porque, podría señalarse, es lo mejor que puede hacer mientras Israel y Estados Unidos rechacen un acuerdo político. También debe añadirse que la intransigencia de Estados Unidos puede continuar sólo mientras el pueblo estadunidense lo permita. Me gustaría ser optimista acerca del acuerdo, y tratar de aferrarme a cualquier brizna de esperanza, pero hasta ahora, no veo nada real.

Para Washington un elemento constante es que la democracia y el imperio de la ley son aceptables siempre y cuando sirven a objetivos oficiales estratégicos y económicos. Pero la actitud del pueblo estadunidense en Irak y en el conflicto palestino-israelí está en contra de la política del gobierno, de acuerdo con las encuestas.

Por tanto, lo que hay que preguntarse es si una genuina promoción de la democracia no debería comenzar en Estados Unidos.

* Noam Chomsky es profesor de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge y autor del libro, de reciente publicación, Hegemony or Survival: America's Quest for Global Dominance.

6:42 p. m.  

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